lunes, 18 de mayo de 2026

Biografía académica XIII: Lucas Carena "Reportaje sobre Transhumanismo" (para Kontrinfo).

 LUCAS CARENA.

Lucas Juan Carena nació en Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina, el 26 de octubre de 1979. En 2003 obtuvo su título de Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario; y, en 2008, el de Magister en Diseño de Estrategias de Comunicación por la misma casa de altos estudios. Desde 2009 enseña Psicología Social en la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de La Plata, en la Unidad Académica de Rosario. Desde el año 2017 se desempeña como catedrático de Fundamentos Epistemológicos de la Investigación en la Universidad Abierta Interamericana. A su vez es Docente de Lógica en la Pontificia Universidad Católica Argentina. Esta por defender su tesis doctoral en la USAL.
Especialista en psicología de masas y medios masivos de comunicación, se dedicó al estudio del comportamiento colectivo y la forma en que dichos medios instalan ideas tanto en la conciencia humana como a nivel subliminal. Escritor e investigador, ha publicado artículos tanto periodísticos como académicos, en distintos medios de prensa y revistas de divulgación científica. Ha escrito un libro en coautoría con Pablo J. Davoli: La guerra invisible. Acción psicológica y revolución cultural. En 2017 publicó Jesús Cristo Príncipe Hiperbóreo. Una visión Teándrica de Occidente y la Cristiandad y en 2019 La Conspiración de Medea. Aborto, Eugenesia y Nuevo Orden Mundial.
En el 2020 se editó La Leyenda Del perón Excomulgado y Otros Cuentos De (goril)hadas, libro donde expone documentación que demuestra la falsedad de los cargos contra el tres veces presidente de los argentinos.
En ocasión de participar en trabajos periodísticos para grandes medios de prensa, advirtió la puesta en práctica de diversas operaciones de desinformación y manipulación. Decepcionado por tales circunstancias e impulsado por sus propias investigaciones, fue virando paulatinamente hacia corrientes intelectuales alternativas y acercándose a medios de divulgación no oficiales. De esta manera, se adentró en el estudio de las estructuras de poder global y de la simbología de las sociedades secretas. Desde principios de 2014, conduce, junto a Pablo J. Davoli, el programa  La Brújula, verdadero faro para todo el pensamiento de Disenso en Argentina y el mundo de habla Hispana.


Entrevista a Lucas Carena: «El transhumanismo es la ingeniería de un suicidio de nuestra especie». Por Lucía Prette

-Es común escuchar que entre los precursores filosóficos de la ideología de género se encuentra el neomarxista Herbert Marcuse, quién protagonizó el fenómeno denominado New Left. Sin embargo también se cita a autores contrapuestos, como Michel Foucault. ¿Cuál es la base filosófica detrás del neofeminismo y el movimiento LGBT?

-Bueno, ante todo yo sería muy prudente a la hora de decir que Michel Foucault es un autor contrapuesto a Marcuse y, en general, a la “teoría crítica”. Paul Ricoeur, en 1970 escribió un artículo mundialmente famoso llamado Freud: una interpretación de la cultura donde llamó a Nietzsche, Freud y Marx los “maestros de la sospecha” porque en ellos se fragua una crítica de la cultura occidental, la cual se forjaba y marchaba históricamente a caballo de la razón. Una razón que se volvía instrumental y “deshumanizaba” al hombre convirtiéndolo en mercancía, enajenándolo, alienándolo de sí mismo o bien negando su propia naturaleza. Así, desde el vitalismo romántico, desde el psicoanálisis y desde el materialismo histórico respectivamente, para Ricoeur, se ha enarbolado una crítica a ese solipsismo cartesiano, ese ego cogitans, que nos hacía creer que somos “conscientes de nosotros mismos” y que nuestra libertad, al estilo platónico, consistía en el dominio de nuestras pasiones.

Con estos tres autores, no sólo debemos liberarnos “de nuestras pasiones” sino reconciliarnos con aquello que en algún punto hemos “injustamente” negado: el “desenfreno”, que los griegos llamaban akolasia. Esa crítica a la razón redunda en la reivindicación de la naturaleza humana, la cual está estrechamente ligada, para estos pensadores, a fuerzas inconscientes, materiales o, cuanto menos, involuntarias que deben ser liberadas. Tanto en Eros y Civilización de Marcuse como en los estudios genealógicos y arqueológicos sobre la sexualidad, la locura, las cárceles modernas y, en general, la microfísica del poder en las “sociedades de control” realizados por Foucault, están presentes los rastros críticos de los “maestros de la sospecha”. Que este último haya optado una perspectiva de análisis post-estructuralista de la que luego se aparta, no lo contrapone necesariamente a la New Left de corte marcuseana.

Toda esta vorágine intelectual deconstructiva, todo este “pensamiento débil” presente en la segunda mitad del siglo XX, conforma el andamiaje intelectual de la ideología de género, que es a su vez tronco común tanto del lobby LGBT, como del feminismo de tercera ola.

-¿Cree que la hormonización a niños encuadra dentro de lo que el propio Foucault llamó biopolítica o biopoder? ¿Cómo entiende la Teoría Queer desde el punto de vista filosófico?

-Creo que es más grave que eso. Creo que vamos hacia un ideal andrógino del transhumanismo. Vamos hacia algo que trasvasa incluso el concepto de biopoder foucaultiano. Jean Baurdrilliard, pensador no necesariamente santo de mi devoción, que escribió un ensayo titulado Olvidar a Foucault para criticar la caducidad de categorías modernas como la noción misma de “poder” presentes en la obra del pensador pictón fallecido en 1984, ha desarrollado toda esta problemática de lo “trans” en un trabajo titulado La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos, donde establece que el artificio, la prótesis, la negación de lo natural, signan la singularísima configuración “caleidoscópica” de nuestros tiempos.

Somos esa paradójica combinación de doctor Frankeinstein y su propio emblemático monstruo. Somos productores y a la vez producto de ese “eterno Prometeo” que desafía en forma sempiterna, desde esta neonominación de “queer”, los límites de nuestra capacidad transformadora sobre la sexualidad, divorciándola, cual Dr. Jekill y Mr. Hyde, de todo vínculo con lo natural.

Sin embargo, nuestra sexualidad está impresa en cada una de nuestras células, en toda la información cromosómica aportada por nuestro ADN. Nuestra realidad es fractal, el todo está en cada una de nuestras partes componentes, somos como la geometría abstracta de Benoît Mandelbrot. Por lo tanto, en el artificio hay auto engaño o, peor aún, alquimia y pensamiento mágico. Creo que el “homo post-biológico” es el gran problema de nuestros días y, más aún, de un futuro no tan lejano. Ni Dios ha muerto, ni el hombre lo ha matado.

El transhumanismo es la ingeniería de un “suicidio”, en dosis homeopáticas, de nuestra propia especie que ya no se concibe ni como criatura ni como creadora, sino como “detrito” de ambas cosas.


-Recientemente las empresas multinacionales Netflix y Disney comunicaron de manera oficial que suspenderán sus producciones en países donde no se encuentra legalizado el aborto. ¿Esto implica asumir una postura que ya todos conocíamos? ¿Cuál es el rol de los titanes de la comunicación en la hegemonía cultural progresista? ¿A qué intereses responde?

-A juzgar por los contenidos que ofrecen ambas productoras, si con tal medida pretenden ofrecer un castigo, se estarían equivocando, por tanto nos harían, como sociedad, un gran favor al irse o suspender sus producciones. Pero suponiendo que tal medida es en verdad restrictiva y punitoria para con los países que se oponen al aborto, tal cosa estaría hablando a las claras acerca de dónde está la “hegemonía”. Hablamos de un sistema mundialista, que tiene los medios, el control de los flujos de información, que posee una red de think tanks muy poderosa. Con lo cual, si hay algo que tiene que quedar fuera de toda discusión, es que la promoción del aborto es externa, viene de estos bancos de cerebro y por lo tanto adherir a tal causa no sólo es deletéreo per se, sino que también constituye una sandez carente de todo espíritu o temple revolucionario, ajeno a toda transgresión e intransigencia. Al contrario, el pañuelo verde, hoy decorando los festivales cinematográficos de Cannes, es el cencerro de nuestro tiempo, es algo así como la marca de la bestia para poder perdurar en el sistema.

Estoy a poco de presentar un trabajo titulado La conspiración de Medea. Aborto, eugenesia y Nuevo Orden Mundial, en el cual, no sólo ensayo un desmantelamiento de esta red, sino también de su forma mentis discursiva. No estoy en condiciones de dar fechas, pero sí puedo decir que será muy pronto. En cuanto a los intereses, son muy claros: según el último reporte anual del informe de Oxfam sobre desigualdad, las 26 personas más ricas del mundo concentran hoy igual riqueza que la mitad más pobre, esto es, 3600 millones de almas. Hay dos caminos para saldar tales asimetrías. O bien se redistribuye mejor la riqueza mundial o bien se reduce la cantidad de habitantes. No hace falta saber lo que se discute en las reuniones del Club Bilderberg, cuando sus decisiones están a la vista.

-¿Cómo se forja y cómo se combate un monopolio cultural?

-Bueno, en este punto, junto al Dr. Pablo Dávoli, hemos publicado en 2016 un trabajo llamado La guerra Invisible. Acción Psicológica y Revolución cultural, en el que nos encomendamos la tarea de explicar cómo y de qué manera se da tal forja. Durante el último siglo y medio, se ha dado un proceso paulatino pero ininterrumpido de privatización del poder y las corporaciones mediáticas como así también las industrias culturales, no son una excepción. Por lo tanto, asistimos a un fenómeno de oligopolización de los productos culturales, de alta concentración de las “bocas de expendio” de la información, que están al servicio de un contubernio corporativo de intereses plutocráticos.

    
La Guerra Invisible "mágnum opus" de Carena y Davoli.

Ya lo decía Orwell: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”. Combatirlo entonces, supone una tarea ardua, rigurosa y “solitaria” porque nuestros inquisidores, nuestra policía del pensamiento, no serán sino nuestros propios padres, nuestros hermanos y amigos que nos tratarán de locos, exagerados, cuando no de “conspiranoicos”. Nada, en definitiva, que no sea bíblico. Ahora bien, no alcanza con tener valor y buena voluntad. Es primordial formarse, y el trabajo en coautoría que publicamos fue nuestro primer y humilde aporte. Hay mucho, no obstante, aún por hacer.


-¿Cuáles son los obstáculos que debe enfrentar un comunicador independiente en los tiempos que corren?

-La idea de “periodismo independiente” es, casi de Perogrullo supone decirlo, cuanto menos una entelequia. Lo que hay en la trastienda de la información son intereses y tales intereses pueden bien ser nobles, muy pocas veces, o espurios, casi siempre. Hacer “periodismo sobre el periodismo” es sumamente difícil porque implica para el periodista que lo lleva adelante exponer a sus actuales o potenciales empleadores. En mi caso, es desde una perspectiva académica y alternativa que intento hacerlo. Por eso entiendo la realidad de muchos profesionales de la comunicación que viven del periodismo y a veces prefieren el silencio ante determinados campos de investigación. Algunos por miedo, otros directamente por cobardía y la mayoría de las veces por una inicua y mendaz pereza moral cómplice, no hablan de la realidad oligopólica de los medios.

Pero esto no hace más que prolongar la distanasia agónica del periodismo, por dos razones distinguibles pero emparentadas: en primer lugar porque en la medida en que se profundiza la concentración mediática se prescinde de la heterogeneidad de voces y esto tiene como consecuencia menos periodistas, de menor calidad y peor pagos (más competencia para menos puestos) y, en segundo lugar, los grandes medios, así lo está demostrando el derrotero histórico de los mismos, están entrando en un descrédito histórico sin precedentes y el periodismo y los periodistas, por arrastre, también, teniendo por lo tanto cada vez menos el poder de ser “formadores de opinión pública”. Si hay alguna disidencia en los grandes medios, es artificial, simulada o controlada.

Con lo cual, hoy, ser periodista es ser, paradójicamente, una especie de silenciador profesional a contrario sensu, en rigor, del objeto y causalidad que lo vio nacer como profesión. Como las grandes corporaciones, hablamos de menos de diez “gigantes mediáticos” en todo el mundo, son portadores de los canales, no así de la información, las redes sociales y los medios alternativos digitales están abriendo nuevas oportunidades, no sin bemoles y censuras. Ya lo decía un profesor mío, Eliseo Verón, “la televisión histórica va a morir”, por eso tanto temor a las nuevas voces emergentes y la censura encubierta detrás de lo que se ha dado a llamar “fake news”, las cuales existen, pero no son privativas de los medios alternativos, sino, casi siempre, operaciones de prensa de los melifluos grandes medios masivos. En definitiva, yo creo que en modo reactivo, se está dando una poliarquía informativa, robándole el termino a Dahl, donde todos podemos ser en parte periodistas. La experiencia de TLV1, busca justamente hacer una contra-agenda, que se resiste a hablar de lo “instalado” y se plantean temas de los que no se habla y desde una perspectiva distinta. Esa contra-agenda incluye a los grandes medios de comunicación.

       




         
             

viernes, 15 de mayo de 2026

Biografia academica XII: Marcelo Gullo "La Teoría de la Insubordinación fundante".

 MARCELO GULLO

Juan Marcelo Gullo Omodeo (Rosario, Argentina, 3 de enero de 1963) es un académico, analista y consultor en relaciones internacionales. Creador de la teoría de la insubordinación fundante. 
Defiende posiciones panhispanistas y es el máximo exponente de la Hispanidad en la actualidad.
Es doctor en ciencia política por la Universidad del Salvador, magíster en relaciones internacionales por el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra, graduado en estudios internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid y licenciado en ciencia política por la Universidad Nacional de Rosario.
Fue discípulo del politólogo brasileño Helio Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré.
Actualmente es asesor en materia de relaciones internacionales de la Federación Hispanoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC) y asesor de la vicepresidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. También es profesor de la Universidad Nacional de Lanús y de la Escuela Superior de Guerra de Argentina
Su obra bibliográfica es vasta y comprende: Argentina Brasil: La Gran oportunidad. Biblos. 2005. La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones. Biblos. 2008. Insubordinación y Desarrollo: las claves del éxito y el fracaso de las naciones. Biblos. 2012. La historia oculta. La lucha del pueblo argentino por su independencia del imperio inglés. Biblos. 2013. Conversaciones con Alberto Methol Ferré. Fabro. 2013. Haya de la Torre. La lucha por la Patria Grande (1917-1931). Editorial de la Universidad Nacional de Lanús. 2014. Relaciones Internacionales: Una teoría crítica desde la periferia sudamericana. Biblos. 2018.
Madre Patria. Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán (prólogo de Alfonso Guerra). Grupo Planeta. 2021.
Nada por lo que pedir perdón. La importancia del legado español frente a las atrocidades cometidas por los enemigos de España (prólogo de Carmen Iglesias). Editorial Espasa. 2022.
Lo que América le debe a España: El legado español en el Nuevo Mundo. Editorial Espasa. 2023. Lepanto. Cuando España salvó a Europa. Editorial Espasa. 2025.


La Teoría de la Insubordinación fundante.

La Teoría de la Insubordinación fundante. Análisis histórico del origen del desarrollo de las grandes potencias. Los casos de Estados Unidos, Alemania, y Japón.


La teoría de la insubordinación fundante sostiene que todos los procesos emancipatorios exitosos, que todos los procesos de construcción de soberanía real y todos los procesos de desarrollo que lograron resultados positivos fueron el resultado de la insubordinación fundante, es decir, de una insubordinación ideológica contra el orden ideológico establecido por el poder dominante, más un impulso estatal adecuado que permite que el poder (los elementos de poder tangible e intangible de un estado) se convierta en un acto.

La primera potencia que construyó un orden ideológico destinado a inhibir la construcción del poder nacional de otros estados y a inhibir el desarrollo de otras naciones fue Gran Bretaña a través de la predicación de la teoría de la división internacional del trabajo y el libre comercio. De ahí que la construcción del poder nacional y el desarrollo económico estuviera vinculada, a partir de entonces, al rechazo de la división internacional del trabajo y del libre comercio. Para demostrar nuestra hipótesis, en este artículo se analizan los casos de Estados Unidos, Alemania y Japón.

1 Introducción.

Una de las cuestiones más llamativas pero, a su vez más ignoradas de la historia de la economía internacional, se refiere al hecho de que, a partir de su industrialización, Gran Bretaña pasó a actuar con deliberada duplicidad. Una cosa era lo que efectivamente había realizado – y realizaba – en materia de política económica para industrializarse y progresar industrialmente y otra, aquella que, ideológicamente, propagaba, con Adam Smith y otros voceros. (Algo similar a aquello que, actualmente, hacen los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y China). Inglaterra se presentaba al mundo como la patria del libre comercio, como la cuna de la no intervención  del estado en la economía cuando, en realidad, había sido, en términos históricos, la patria del proteccionismo económico y del intervencionismo estatal.1 El estudio de la historia de la economía inglesa demuestra que la industrialización británica, incipiente desde el Renacimiento Isabelino y fuertemente desarrollada desde fines del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, tuvo, como condición fundamental, el estricto proteccionismo del mercado doméstico y el conveniente auxilio del Estado al proceso de industrialización.2 Obtenidos para sí, los buenos resultados de esa política, Gran Bretaña se esmeró en sostener, para los otros, los principios del libre cambio y de la libre actuación del mercado, condenando, como contraproducente, cualquier intervención del Estado. Imprimiendo a esa ideología de preservación de su hegemonía, las apariencias de un principio científico universal de economía logró, con éxito, persuadir de su procedencia (subordinar ideológicamente), por un largo tiempo a los demás pueblos que, así, se constituyeron, pasivamente, en mercado para los productos industriales británicos permaneciendo como simples productores de materias primas. De esa forma la subordinación ideológica – en las naciones que aceptaron los postulados del libre comercio, como un principio científico de carácter universal – se constituyó en el primer eslabón de la cadena que las ataba y condenaba al subdesarrollo endémico y a la subordinación política, más allá de que lograran mantener los atributos formales de la soberanía (Gullo, 2008, 2012). A partir de entonces, para que cualquier intento de superar el subdesarrollo y la dependencia política – emprendido por cualquier unidad política sometida a la subordinación ideológica británica fuese exitoso, debía partir, necesariamente, de la ejecución de una “Insubordinación Fundante”, es decir de la puesta en marcha de una insubordinación ideológica – consistente en el rechazo de la ideología de dominación difundida por Gran Bretaña: el libre comercio. Insubordinación que debía ser complementada con la aplicación de un adecuado impulso estatal (proteccionismo económico, inversiones públicas, subsidios estatales cubiertos o encubiertos), que pusiese en marcha, el proceso de industrialización.
Fue, ciertamente, gracias a la realización de sus respectivas Insubordinaciones Fundantes que, Estados Unidos, Alemania y Japón, en el transcurso del siglo XIX, tanto como China o Corea del Sur, durante el siglo XX, lograron superar el subdesarrollo, industrializarse y convertirse en países efectivamente autónomos. Esta hipótesis la hemos demostrado en nuestras obras, La Insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones, publicada en Buenos Aires en 2008; Le temps des Etats continentaux. Les nations face à la mondialisation: situation des pays latino-américains, editada en Paris en 2010; La costruzione del Potere: Storia delle nazioni dalla prima globalizzazione all’imperialismo statunitense publicada en Florencia en 2010; Insubordinación y Desarrollo. Las claves del éxito y el fracaso de las naciones impresa en Buenos Aires 2012; Insubordinazione e Sviluppo. Appunti per la comprensione del successo e del fallimento delle nazioni, publicada en Roma en 2014 y, en Relaciones Internacionales. Una teoría crítica desde la periferia Sudamérica, editada en Buenos Aires en 2018. Hay, entonces, una falsificación de la historia – construida desde los centros hegemónicos del poder mundial – que oculta el camino real que recorrieron las naciones hoy desarrolladas, para construir su poder nacional, y alcanzar su actual estado de bienestar y desarrollo (CHANG, 2009, 2009) (GULLO, 2008, 2012, 2018) (REINERT, 2007) (SEVARES, 2010) (TOUSSAINT, 2007). La falsificación de la historia realizada por las grandes potencias, oculta que todas las naciones desarrolladas llegaron a serlo, renegando de algunos de los principios básicos del liberalismo económico, en especial el de la aplicación del libre comercio, es decir, aplicando un fuerte proteccionismo económico pero hoy, aconsejan, hipócritamente, a los países en vía de desarrollo o subdesarrollados, la aplicación estricta de una política económica ultraliberal y de libre comercio, como camino del éxito.


2 La Insubordinación Fundante en los Estados Unidos 

Es justamente esa falsificación de la historia la que oculta que, Inglaterra, fue la cuna del proteccionismo económico y que, los Estados Unidos, fueron la patria del nacionalismo económico. Hasta 1860, los Estados Unidos, poseían todas las características de un país periférico. Su balanza comercial era, generalmente, desfavorable. En la década de 1850, los Estados Unidos, exportaban mercaderías por valor de 144.376.000 millones de dólares e importaban mercaderías por valor de 172.510.000 millones de dólares. En la década de 1860, las exportaciones sumaban 333.576.000 millones de dólares y las importaciones llegaban a 353.616.000 millones de dólares (Underwood Faulkner, 1956). El 50 por ciento de sus importaciones consistía en artículos manufacturados y listos para el consumo. Al igual que a cualquier país latinoamericano, Inglaterra le suministraba la mayor parte de las importaciones y absorbía casi la mitad de sus exportaciones. Las compras europeas se limitaban, casi enteramente, a las materias primas. Estados Unidos era, fundamentalmente, un país exportador de materias primas sin elaborar e importador de productos industriales. Era un país agrícola exportador, casi “mono-exportador”. En términos actuales, un país “algodón-dependiente”. Después de la invención de la desmotadora, el algodón se convirtió en el principal artículo de exportación y, alrededor de 1860, constituía el 60% de las exportaciones de los Estados Unidos. A fines de 1850, las exportaciones manufacturados sólo ascendían aproximadamente, a un 12 % sobre el total exportado por los Estados Unidos y se dirigían, principalmente, hacia regiones subdesarrolladas como México, las Antillas, América del Sur, Canadá y China. Es decir que los productos primarios constituían el 82% de los productos exportados por los Estados Unidos. Ese 82 % estaba compuesto de algodón, arroz, tabaco, azúcar, madera, hierro y oro proveniente de California que había sido arrebatada a México en 1848 (GULLO, 2008). El análisis histórico objetivo no deja duda alguna de que, después de la finalización de la Guerra Civil, los Estados Unidos rechazaron frontalmente el libre comercio y adoptaron, decididamente, como política de Estado el proteccionismo económico, y que, gracias a este sistema, protagonizaron uno de los procesos de industrialización – por su rapidez y profundidad – más asombrosos de la historia. En 1875, los aranceles para productos manufacturados oscilaban entre el 35% y el 45%. Recién en 1913, hubo una disminución de los aranceles, pero la medida fue revertida, apenas un año más tarde, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. En 1922, el porcentaje pagado sobre los bienes manufacturados de importación, subió un 30%. En 1925, la tasa arancelaria promedio sobre los productos manufacturados era de un 37% y, en 1931, de un 48%. Convertidos, luego de la Segunda Guerra Mundial, en la más grande potencia industrial del mundo, en la economía industrial de más alta productividad y, estando, tanto el aparato industrial europeo como el japonés, destruidos, Estados Unidos, – tal como lo había predicho el presidente Ulises Grant –, después de haber usufructuado del proteccionismo económico, después de haber obtenido del régimen protector todo lo que éste pudo darle, adoptó el libre cambio y se convirtió en el bastión intelectual del libre comercio. Aunque todavía en 1960, Estados Unidos mantenía un arancel promedio del 13%. 

3 La Insubordinación Fundante en Alemania

Es justamente, esa falsificación de la historia, la que oculta que, la hoy orgullosa nación alemana fue, hasta 1834, con la creación del Zollverein (Unión aduanera), una subdesarrollada colonia informal de Inglaterra. Todavía en 1834, el 72% de la población de Alemania vivía de la tierra. (DROZ, 1973:133). Tan irritante para los intereses británicos consideró Londres el proceso de proteccionismo e integración económica iniciado con el Zollverein – a pesar de que la  tarifa externa común era todavía relativamente baja – como para que, hacia 1840, el investigador John Bowring, fuese enviado a tantear la fortaleza de la nueva unión. (DERRY y WILLIAMS, 2000). Oficialmente, Gran Bretaña envió al prestigioso doctor Bowring a Alemania, con el objetivo de convencer a los alemanes para que abrieran su mercado a las manufacturas inglesas, a cambio de concesiones a favor de los cereales y las maderas de Alemania, de un modo análogo a lo sucedido con los vinos y aguardientes franceses, en 1834.3 A tal efecto, John Bowring elaboró un informe que tendía a demostrar que, la industria alemana era protegida a costa de la agricultura, perjudicando al consumidor alemán, que las medidas proteccionistas habían dado una dirección equivocada a muchos capitales, perjudicando los intereses agrícolas, que la agricultura, en Alemania, era la rama más importante de la producción. Digamos al pasar que, paradójicamente, los argumentos esgrimidos por Bowring en 1834, son los mismos argumentos que hoy utiliza la elite política-académica alemana para convencer a los países en vía de desarrollo para que abran sus economías a los productos industriales alemanes y no apliquen ninguna medida de carácter proteccionista. Tan exitoso fue el proteccionismo económico aplicado por Alemania que, en 1865, Alemania logró ocupar el segundo lugar en la producción mundial de acero y sólo era superada por Gran Bretaña, siendo “escoltada” por Francia y los Estados Unidos (GULLO, 2008) La reescritura de la historia del capitalismo alemán no da cuenta hoy día de que, el despegue económico, iniciado por el Zollverein (1834), fue apuntalado por la Seehandlung – especie de banco de fomento industrial bajo control absoluto del Estado – que desempeñó un papel capital en la financiación y pertrechamiento de la industria y que, fue la Seehandlung, la que impulsó el Zollverein, y eso a pesar de la resistencia de una parte importante de la población. (DROZ, 1973). Hoy los académicos alemanes tienden a olvidar, con gran facilidad que, a través de la Seehandlung, los industriales alemanes tuvieron la oportunidad de acceder a un financiamiento de largo plazo y bajo interés que, de otro modo – es decir, en lo que actualmente denominamos condiciones de mercado – jamás habrían podido obtener. (GULLO, 2008) Menos quieren recordar – los intelectuales alemanes – que, cuando en 1890, el gobierno alemán elevó considerablemente los aranceles, Alemania comenzó a vivir una segunda ola de industrialización que multiplicó por cinco su producción de artículos manufacturados.4 

4 La insubordinación fundante en Japón 

Es justamente, esa falsificación de la historia, la que también oculta que el desarrollo industrial del Japón, fue el resultado de una planificación estatal centralizada (GULLO, 2008). Hoy los académicos japoneses han curiosamente olvidado que el estado japonés, a partir de la Revolución Meiji (1868), creó y administró todas las primeras grandes industrias y que, hasta 1884, en Japón existió un solo actor que realizaba los estudios de factibilidad, construía las fábricas, compraba las maquinarias y administraba las empresas creadas: el Estado (Gullo, 2008). Tampoco recuerdan que, en 1911, el gobierno japonés – inspirándose en las leyes estadounidenses de fomento de la industria
naval de 1789 – prohibió la navegación costera a los países extranjeros y que, este hecho permitió que los Mitsubishi fundaran entonces, en combinación con los Mitsui y los Ocurra, la Osaka Shosen Kaisha y luego la Kogusai Kisen Kaisha, que le permitieron a Japón no sólo realizar la navegación de su litoral sino crear líneas de navegación hacia África, Australia, Estados Unidos, Europa y Suramérica (GULLO, 2008). Importa destacar que cincuenta años después de que el gobierno Meiji decidiera crear, mediante el impulso estatal, la industria naviera, la marina mercante japonesa disponía de 4.000.000 de toneladas. Su capacidad se había centuplicado (GULLO, 2008). La historia oficial de la globalización tampoco reporta el hecho de que después de la Segunda Guerra Mundial el Ministerio de Comercio Internacional y de la Industria (MITI) volvió a reeditar la esencia de la política económica de la Revolución Meiji (MORISHIMA, 1977) (BIEDA, 1970). La historia oficial no da cuenta de que, entre las leyes más importantes fomentadas por el MITI figuran la Ley sobre el Control de Cambio y el Control del Comercio Exterior – del 1 de diciembre de 1949 – que le otorgaba al MITI el derecho de controlar las importaciones, así como la Ley sobre Inversiones Extranjeras – del 10 de mayo de 1950 – que lo facultaba para el control virtual sobre todos los capitales, de corto o largo plazo, que llegaran al Japón (BROCHIER, 1970) (ZAITSEV, 1978) (SATO, 1978). Es también esa falsificación de la historia que, en versión estándar, se enseña en la mayoría de las Universidades del mundo, la que esconde que, durante 30 años, el estado japonés protegió y subsidió, de forma directa o indirecta, a sus principales fábricas de automóviles y que rescató – con dinero público – reiteradamente a la empresa Toyota de la quiebra. A modo de conclusión es posible afirmar que el “milagro japonés” fue posible a través del impulso estatal y el establecimiento de una economía de mercado planificada (BIEDA, 1970: 52). El milagro japonés fue lisa y llanamente el producto de una insubordinación fundante. 

5 La propaganda ideológica como factor de inhibición del desarrollo 

Si observamos la verdadera historia de los países que hoy conforman el centro del poder mundial (en este trabajo hemos tomado como casos testigos el de los Estados Unidos, Alemania y Japón) se descubre entonces que, generalmente, llegaron a convertirse en países desarrollados través de la realización de una Insubordinación Fundante que consistió siempre en el rechazo del libre comercio – como ideología de dominación – y en la aplicación de un adecuado impulso estatal en sus diferentes formas: los subsidios estatales – cubiertos o encubiertos – para las actividades científico tecnológicas, las inversiones públicas, la protección del mercado interno, por citar algunos de los más relevantes. Hoy, esos mismos países, ocultan la importancia que, en la construcción de sus respectivos poderes nacionales, tuvo el impulso estatal al mismo tiempo que critican, ridiculizan, y hostigan, a cualquier estado de la periferia que quiera seguir los pasos que ellos mismos siguieron en su momento, para alcanzar el desarrollo y su actual situación de poder. Los países poderosos procuran – a través de la propaganda ideológica engendrada en algunas de sus Universidades y difundida a nivel planetario por los medios de comunicación que controlan – “patear” la escalera que ellos utilizaron primero para alcanzar sus respectivas autonomías nacionales y luego, para subir a la cúspide del poder mundial (CHANG, 2004). No es, sin embargo, que propongamos una “copia” lisa y llana de los procesos de desarrollo de Estados Unidos, Alemania o Japón, sino un conocimiento de la realidad conceptual que imbuyó, por igual, a todos los procesos de desarrollo exitoso y eludir los errores, también conceptuales, de aquellos pueblos que fracasaron en sus intentos. Se trata de adaptar lo conceptual real a cada tiempo y espacio histórico, sin por ello abandonar las esencias, y en la medida que se vayan aplicando, eludir – también con la experiencia – los errores ajenos o mejor y más simple y claramente dicho (valerse de), la experiencia ajena, porque la experiencia propia llega tarde y cuesta cara. 6 Conclusión y prospectiva El análisis histórico no deja lugar a dudas que la superación del subdesarrollo relativo de los Estados Unidos, Alemania y Japón estuvo íntimamente ligado al desarrollo de un proceso de Insubordinación fundante. El análisis histórico efectuado demuestra que, el origen del desarrollo de las grandes potencias analizadas y tomadas como casos testigos, se debió siempre y, en todos los casos analizados, a la realización de un proceso de Insubordinación Fundante. En realidad resulta del estudio histórico – cuando se analiza la historia sin prejuicios ideológicos – que todos los procesos de emancipación y desarrollo exitosos fueron el resultado de una Insubordinación Fundante. Si bien en este artículo hemos tomado como casos testigos a los Estados Unidos, Alemania y Japón en otros trabajos hemos analizado, entre otros, los casos de Francia, Italia, Canadá, Corea del Sur y China llegando a idénticas conclusiones (GULLO, 2008, 2012). Aunque excede los límites de este trabajo resulta ineludible finalizar el mismo sin referirnos someramente a la posibilidad de realizar en la América del Sur, en pleno siglo XXI, un proceso de insubordinación Fundante. Hoy los desafíos para la realización de una Insubordinación Fundante, en cualquier país de la América del Sur, provienen del Lejano Oriente. China se ha transformado en la “gran fábrica del mundo” y en una “gigantesca aspiradora de materias primas”, provocando, en consecuencia, una elevación sustancial de los precios internacionales de las mismas. Sin embargo, este hecho positivo podría influir, paradójicamente, de un modo altamente negativo en las posibilidades de alcanzar el desarrollo y la justicia social en la región sudamericana. Es que, alentados por los crecientes valores de sus productos extractivos, la tentación por volver a los esquemas pre-industriales – especialmente en Argentina, y, en aunque en menor medida, también en Brasil – podría volverse cada vez más intensa (GULLO, 2008). Asimismo, alentará y lo que es peor, “justificará” la posición de aquellas elites locales liberales que consideran “innecesario” y hasta “forzado” el esquema de un desarrollo industrial que es el único que, históricamente ha permitido alcanzar el desarrollo y superar estructuralmente la pobreza en todas partes del mundo. Muy por el contrario, si los países de la América del Sur lograran construir un consenso básico mínimo estarían en condiciones de negociar con el resto de las potencias sedientas de materias primas – principalmente China – la posibilidad de que éstas acepten que Sudamérica lleve adelante un proceso de Insubordinación Fundante que, en las actuales circunstancias, consistiría en la puesta en marcha de una política pro-industrial activa que deberá ser extremadamente selectiva para que pueda ser admitida. Entonces, a través de un “proteccionismo selectivo”, los países de la América del Sur, podrían abrir, moderadamente, sus economías a la producción industrial del resto del planeta. No se trataría de llevar la idea de autarquía a nivel sudamericano, sino de determinar los sectores productivos a salvaguardar o crear, orientando la inversión extranjera a esos sectores para mantener una estructura industrial acorde con la sustentación de la población de los países sudamericanos, evitando de esa forma la posibilidad de un desempleo masivo que llevaría inexorablemente, sobre todo en el caso argentino y brasileño, a una crisis social incompatible con la preservación de sus regímenes democráticos y sus respectivas unidades territoriales y nacionales. Conviene recordar que sólo el conocimiento de la historia, nos permite comprender el presente y cambiar el futuro.


                                                     

LA MAGNIFICA TRILOGIA HISPANISTA QUE DESTROZA LA LEYENDA NEGRA Y REIVINDICA NUESTRO ORIGEN HISPANO Y LA EPOPEYA DE LA EVANGELIZACION Y CONQUISTA DE AMERICA.
FUROR EN ESPAÑA.

jueves, 14 de mayo de 2026

Biografía académica XI. Pablo Anzaldi y su nota "MEDITACIÓN SOBRE EL LEVIATHAN DE THOMAS HOBBES".

               PABLO ANZALDI

Pablo Antonio Anzaldi (Argentina, 1972). Doctor en Ciencias Políticas (Universidad Católica Argentina). Magíster en Ciencia Política en la Pontificia Universidad Católica de Chile (Beca Fundación Konrad Adenauer). Magister en Defensa Nacional (Edena). Licenciado en Ciencia Política (UAJFK). Autor de los libros «Introducción a la Tiranía Moderna» (Buenos Aires. 2008), «Los años 70 a fondo. Entrevistas a guerrilleros, militares y familiares» (Editorial SB, 2016), «Clausewitz. La ciencia política de la guerra. Filosofía, Ejército y Pueblo» (2019), y coautor de «La agonía del peronismo» (Biblos, 2019) y «La Naturaleza geopolítica argentina y las opciones geoestratégicas» (Escuela Superior de Guerra Conjunta, 2021). "Radiografía política"(2022)."Sobre Laclau y Mouffe. Para una crítica de la razón progresista" (2023).
Es docente en las Universidades Nacionales de Tres de Febrero, Católica de Argentina, Eseade, Escuela Superior de Guerra Conjunta y Universidad Católica de La Plata. Ha escrito diversos artículos y ponencias sobre filosofía política, historia y relaciones internacionales.
Desde el 2do semestre del 2025 dirige junto a Hugo Melgarejo la publicación de pensamiento nacional "Renacimiento Nacional".


MEDITACIÓN SOBRE EL LEVIATHAN DE THOMAS HOBBES

En muchos países iberoamericanos, lo que en la década del 80 sucediera en la ciudad de Medellín, es la imagen de su propia realidad: toda o casi toda Centroamérica, México, las grandes ciudades de Brasil y ciudades como Caracas en Venezuela, y Rosario y la frontera argentina con Bolivia y Paraguay, están controlados por el narcotráfico, que despliega violencia, explotación y toda clase de delitos a piacere. El descontrolado mundo de las finanzas y de la muerte de la planificación estatal requiere de una caotización permanente como condición de la vida: a la fragilidad de la existencia humana sobre la tierra le agrega su propio poder como disolvente de las comunidades humanas. El desplome del poder del Estado en buena parte se debe a la colonización que tanto las clases oligárquicas (los dueños de los grandes negocios: la tierra, la banca, la energía) como el crimen organizado ejerce sobre sus áreas estratégicas. La complacencia funcional que la clase política tiene con las oligarquías y con el crimen organizado y la delincuencia en general, se debe en cierta medida a que un cierto derrame de migajas cae sobre la sociedad devastada y ésta encuentra en el narcotráfico un modus vivendi en el horizonte de la muerte nihilista de los fines de la cultura.

Citando la famosa frase de Hölderlin, “donde crece el peligro crece lo que salva también”, apelamos a la lectura de una de las grandes fuentes filosóficas del pasado, que diseñó el fundamento de la paz y el orden en medio de los tiempos turbulentos de las guerras de Religión del siglo XVII. Nos parece que la necesidad de instaurar en el plazo que la circunstancia permita un poder decisionista, soberano de verdad, que restaure el vínculo entre protección y obediencia, será una demanda creciente de la historia viviente de la joven generación iberoamericana, principalmente, en los países más caóticos. Hallándose aturdida por el ruido de las industrias pseudo musicales, perpleja por el relativismo moral y cultural, intoxicada de progresismo e indigenismo disolvente de las nacionalidades iberoamericanas, y dominada por los apremios materiales, el llamado a la recuperación de un pensamiento fuerte de lo político requiere paciencia y argumentación. Y urge también distinguir el nuevo pensamiento, apartándolo absolutamente de los gobiernos arbitrarios, ilegítimos y oligárquicos del pasado. (Como recuerda el dicho popular, “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”).

El presente trabajo analiza el Leviathan de Tomas Hobbes como texto fundamental para la apertura del pensamiento político moderno. Para ello, destaca una serie de interpretaciones relevantes, y menciona un esquema de clasificación y ordenación de las mismas. Luego, focaliza los elementos de continuidad y ruptura con la tradición filosófica, y señala el entramado de propósitos, la concatenación jerárquica y la evidente proyección y vitalidad del Leviathan. Por último, subraya la particular vigencia de la idea hobbesiana del estado de naturaleza en la escuela realista neoclausewitziana de las Relaciones Internacionales, lo que no hubiera sorprendido a Hobbes.


Antecedentes de la cuestión

La búsqueda de la ubicación precisa del origen de la filosofía política modernay con ella, de la ciencia política moderna es un debate abundante en la investigación filosófico-política.  Una serie de autores lo ubica en Maquiavelo, otros en Hobbes y, también, hay quienes encuentran algo más que antecedentes en escolásticos como DunsScoto y Occam[1]. Por cierto, un debate de esa magnitud es virtualmente inagotable, pues la demostración de una u otra posición penden del modo y grado de desarrollo categorial y trascendental en sentido kantiano que se estime necesario y suficiente para dar razón de validez y juzgar con certeza sobre la demolición de las posibilidades de un horizonte de pensamiento y la inauguración de otro nuevo. De este modo, los antecedentes medievales poseen una pertinencia y conexión con la modernidad filosófica en el amplio horizonte de la idea del tiempo creado y la primacía de la voluntadcomo prolongación de la tesis creacionista en diferencia fundamental con la concepción pagana del tiempo eterno, increado y cíclico, en la que descansa el espejo de la naturaleza y la Anakyklosiso recurrencia como dimensión en la que se sustenta la articulación de la política y la naturaleza. Una relación eminentemente extrínseca y sólo azarosamente convergente, cuya resignificación está posibilitada por la crítica de la medievalidad y la consolidación del campo de la cultura filosófica moderna. Desde luego, es posible la coexistencia de ambas modalidades, pero sólo en relación extrínseca. En este aspecto, la filosofía política clásica puede ser una cantera siempre necesaria, pero en la plenitud dominante de lo contemporáneo como historicidad, el clasisismo se volcó al lugar de la alternativa, al riesgo de la caída en “manierismo”[2] y afectación. Precisamente, un autor que no escapa a esta aparente dificultad señala a Hobbes[3] y luego a Maquiavelo[4] como los orígenes de la filosofía política moderna. Por cierto, Maquiavelo se concibe a sí mismo como el profeta de una nueva era, despliega una serie de operaciones en las que el concepto de tiranía difumina su contorno en la figura del príncipe, y la política se concibe como esfuerzo inteligente por la persistencia en el poder más que como actividad orientada al deber ser[5]. De todos modos, lo que Maquiavelo despliega en figuras, personajes, sugerencias y distincionesalgunas como latigazos no alcanza el grado de abstracción, fundamento categorial y estructuración lógica de la obra de Hobbes. La amplia perspectiva histórica de Maquiavelo se comprime en función de la política florentina e italiana, no alcanzando el concepto de lo stato la comprensión y extensión del Leviathanhobbesiano. Por otra parte, en la época de Maquiavelo, no existían aún ciertos presupuestos históricos y conceptuales fundamentales presentes en la época de Hobbes, como las guerras de religión europea, la guerra civil inglesa, el proyecto matemático de la naturaleza[6], etc.  Para señalarlo de algún modo, aquello que en Maquiavelo es ejemplificación histórica, sentencia y sugerencia, en Hobbes es hipótesis, demostración y sistema. Es decir, alcanza un grado de formalización que posibilita un nuevo horizonte filosófico-político.

Entre las distintas interpretaciones sobre Hobbes puede señalarse la presencia de “textualistas” y “contextualistas” y también por supuesto una tercera posición tan distante de uno como de otro de los imperialismos teóricos. Entre los intérpretes textualistas se destacan Strauss[7], Oakeshott[8], Bobbio[9], Altini[10]; entre los contextualistas, Warrender[11], Hood[12], Skinner[13], Schmitt[14], Macpherson[15] y Zarka[16]. La tercera posición estaría integrada, con distintas variantes, entre otros, por autores como Manent[17], Riedel[18]y Lukac de Stier[19].

La tercera posición entre uno y otro pareciera más apropiada en la medida en que destaca la novedad radical de Hobbesantropología filosófica y concepción de la naturaleza pero al mismo tiempo su imbricación con la búsqueda de la conjuración de la guerra civil. Las dificultades hermenéuticas expanden un radio en función de la disidencia entre quienes lo consideran (el primer) liberal y quienes lo consideran (el primer) absolutista. Por cierto, en la medida en que el Leviathan se funda a partir del contrato entre actores individuales impulsados por pasiones egoístas, la primera de las cuales es el miedo a la muerte violenta, Hobbes pareciera ser el artífice de un proyecto moderno-ilustrado que opera como fundamento común al absolutismo y al liberalismo. En este sentido se inscribe la interpretación de Tocqueville[20]sobre la Revolución francesa para quien se trata más de un efecto de un proceso de concentración subsistente que de una causa de este. En tanto las diferencias parecen más evidentes, la indagación de las analogías entre absolutismo y liberalismo es acaso un camino poco explorado luego, pero perfectamente elucidado en una suerte de síntesis a priori en el Leviathan de Hobbes. En este aspecto, pareciera posible sostener que la tesis del estado de naturaleza como inmediato al estado de guerra es una invitación al absolutismo como modalidad de pacificación, del mismo modo que la salida del estado de naturaleza a partir del contrato entre individuos impulsados por el miedo a la muerte violenta inaugura al liberalismo. En ambos casos una raíz común anuda un sistema de dos posibilidades divergentes, fundadas ambas en el acto de salida del estado de naturaleza y la presencia de este como posibilidad. En otro sentido, puede leerse también en Hobbes un momento “liberal” y un momento “absolutista”. El momento liberal se corresponde con el estado de naturaleza, los derechos naturales y el contrato entre los individuos. El momento absolutista, en cambio, adquiere toda su fuerza en la manifestación del Leviathan como símbolo del common law, república o estado civil y político (las palabras también pierden fuerza retórica o “capital simbólico” y se desgastan).

Las diferencias en las corrientes interpretativas de Hobbes pueden deberse más bien a dificultades heurísticas subsanables con posterioridad, como pareciera ser el caso de Strauss, quien desarrolló su tesis de la primacía de lo filosófico moral-político por sobre lo cosmológico y antropológico cuando no habían recuperado la luz pública los escritos más abocados al análisis de la naturaleza y del hombre.

Las diferencias permanecen más bien trabadas en la contradicción principal en el campo de la cultura filosófica entre historicismo y naturalismo: no podemos resolver aquí semejante controversia. Al menos interesa no perder de vista que el historicismo anudará  pensamiento y circunstancia en un tejido próximo a bifurcarse en el idealismo subjetivo o a naufragar en el mar sin orillas de la existencia finita; el naturalismo, en cambio, pareciera descansar en una constatación de las circularidades permanentes del ente humano presta a bifurcarse hacia una retórica cosmológica-ontoteológica de improbable verificación en la historia, o también hacia una suerte de disolución de la novedad de la concreta política en una serie de pretensas invariantes universales que operan como conciencia moral estoica, oculta bajo las capas de la ironía, como en  Strauss, en la que la seriedad esacaso más reclamada que desplegada. 

Las aproximaciones a las posibilidades analíticas de unos y otros acaso manifiestan la deslumbrante posibilidad de la filosofía, clásica hija del asombro y la perplejidad. Las razones de unos y de otros pueden ser absorbidas por el campo de las posibilidades retóricas. Pero en ese caso las palabras como materia y forma operarían como depósito de la realidad y estaríamos más cerca de la traslación que de la solución del problema. En efecto, si los problemas no son sino problemas retóricos, alcanza con subrayar el término “problema” para caer en la cuenta de que no se ha avanzado en exceso. Si sólo las palabras y nada más que las palabras cuentan, las mismas dificultades se manifestarían ancladas en un nuevo presupuesto subyacente.

El tránsito por el difícil sendero entre la fuerza retórico- persuasiva del texto y la multívoca presión del contexto puede cuanto menos alertarnos acerca de la conciencia teórica de la contradicción naturaleza-historia como componente decisivo de la filosofía política contemporánea. Destáquese ese aspecto problemático como la disyunción que opera en el lugar del fundamento imposible sobre el que anhela descansar el pensar (un no-descanso).

Acerca del Leviathan de Hobbes y, quizás en menor medida, también en algunos otros escritos de su larga vida, podemos decir que opera como insumotomado este término de modo provisorio el conjunto de problemas de la guerra civil inglesa, de las guerras de religión y de las contradicciones insalvables en el campo teológico (¿quién puede renunciar a una idea en la que se juega la suerte eterna del alma?).

Carl Schmitt subrayó con estilo incomparable la búsqueda hobbesiana de una salida a las contradicciones más violentas entre católicos y protestantes a partir de la creencia común en Jesucristo como Mesías[21]. La analítica de la religión cristiana aproxima a ambos bandos hacia un suelo común de convivencia. El Leviathan emerge como relevo de las confusas y entremezcladas atribuciones entre auctoritas y potestas, entre el Papado y los príncipes de este mundo. La absorción de la soberanía en una única personael Leviathan opera un paso en la evolución del pluralismo de derechos y poderes hacia la concentración moderna. (Los santos de la Iglesia en la tierra y los ángeles en el cielo dejan lugar a un único soberano aquí y en el más allá).


 Pero el avance en la analítica de las cuestiones teológicas está precedido por una meditación de amplio alcance sobre la naturaleza y el hombre. Por cierto, la construcción de un fundamento para una nueva filosofía política, que Hobbes denominará la primera ciencia política, es empresa que no puede conformarse con opiniones ocasionales ni meras valoracionesa la usanza ideológica actual sino más bien requiere de una analítica de la naturaleza en general y de la naturaleza humana en particular. Por cierto, lo que se ha dado en llamar la antropología pesimista de Hobbes es el ojo de la cerradura a través del cual avizora la naturaleza. En el Leviathan no se detallan episodios de la guerra civil sino más bien se diseñan conceptualmente las concatenaciones del estado de naturaleza que opera como estructura de la guerra. Por ello el Leviathan guarda una relación de analogía y tensión con las circunstancias históricas, no siendo fácil encontrar sino en sus grandes resultados o cadena de efectos el impacto del contexto en los pliegues del texto. Tampoco es difícil contraponer la sociabilidad natural del hombre al estado de naturaleza hobbesiano, pero en ese caso la tesis aristotélica comunitarista no servirá para despejar el camino al movimiento comunitario sino más bien para tapar con ruido lo que Hobbes tiene para decirnos. Con el lenguaje propio de la visión matematizante del ente cuya instalación como dominio técnico del mundo preludió la aparición de la figura de la conciencia historicistaajena a Hobbes y su tiempo Hobbes en El Leviathan supo dar cuenta de los grandes peligros de lo político. En cambio, Behemoth[22] expone con mayor precisión descriptiva el cuadro vivo del drama político, la historia del Parlamento Largo, etc., pero genera un menor efecto retórico y político. El Leviathan, en cambio, es todo él una especie de sistema de pensamiento para la superación de una larga enfermedadla guerra civil mediante la construcción de una máquina-hombre-dios-bestia: el Estado. La evocación del nombre de la gran bestia marina ha instalado el símbolo como movilizador permanente de energía espiritual y política. Un acierto espectacular en la selección y la puesta en circulación moderna de ese nombre mítico veterotestamentario no es nunca obra de la casualidad ni del descuido. Si puede detectarse un salto disonante desde el estado de naturaleza al estado político puede sin embargo interpretarse que del caótico mar nace la bestia. La imagen mítica remite a resonancias cosmogónicas y heraclíteas, pero también es una fuente de irradiación y clarificación política.


Por otro lado, puede sostenerse que el Leviathan contiene una crítica velada a la religión católica y, en cierto aspecto, a la religión en general. La crítica no consiste sólo en un habilísimo manejo de la ironía, que es un recurso tan fuerte cuanto más se oculta, sino también en la analítica de las condiciones de posibilidad de la religión:

En estas cuatro cosas consiste la semilla natural de la religión: creencia en fantasmas, ignorancia de causas segundas, devoción hacia lo temido por hombres y asunción de cosas casuales como pronósticos. Y debido a las diferentes fantasías y pasiones de los diversos hombres, las religiones han desarrollado ceremonias tan distintas, que las utilizadas por unos hombres son en su mayor parte ridículas para otro.”[23]

La crítica a la religión en tanto fenómeno arraigado en la ignorancia y la tosquedad es un momento fundamental de la ilustración como proyecto orientado a terminar con el oscurantismo y brindar un nuevo horizonte más agradable y apacible para la vida que, hasta entonces, ha sido “solitaria, pobre, brutal, desagradable y corta”. Como en los clásicos romanos, la reflexión hobbesiana contiene una sorprendente claridad en relación con la religión como instrumento político orientado a las masas ignorantes de la verdad (del fraude):

Porque esas semillas han sido cultivadas por dos tipos de hombres. Unos las han alimentado y ordenado con arreglo a su propia invención. Otros lo han hecho por mandamiento y dirección de Dios. Pero ambos lo hicieron con el propósito de volver a sus fieles más aptos para la obediencia, las leyes, la paz, la caridad y la sociedad civil. Por lo cual la religión del primer tipo es una parte de la política humana; y enseña parte del deber que los reyes terrenales exigen de sus súbditos. Y la religión del segundo tipo es política divina; y contiene preceptos para quienes se han entregado como súbditos al reino de Dios. Del primer tipo fueron todos los fundadores de repúblicas, y los legisladores de los gentiles. Del segundo tipo fueron Abraham, Moisés y nuestro bendito Salvador, por quienes nos han llegado las leyes del reino de Dios.[24]

El juego hermenéutico maneja materiales lo suficientemente ambiguos y polisémicos que vedan un juicio definitivo. Sin embargo, el contexto del párrafo, la recta comprensión del uso político de la religión de los antiguos, la elucidación de las causas de la religión, el énfasis puesto en la frase “nuestro Bendito Salvador”, parece componer una fina manifestación irónica de ateísmo. Por cierto, la cuestión del ateísmo de Hobbes ha sido objeto de diversas interpretaciones. Parece plausible afirmar que el rechazo de Hobbes a la escolástica en tanto síntesis de revelación y razón, esto es, conjugación de la dimensión sobrenatural y natural operada desde la interpretación católica de Aristóteles, es un momento de especial concentración teórica subordinado a un concepto cuanto menos escéptico en materia religiosa, que acaso no resultaba conveniente exponerlo.

La escolástica constituyóa partir de la metafísica de Aristóteles una serie de grandes síntesis del saber que armonizan religión y naturaleza. La teleología es una nota esencial de la empresa. Hobbes es particularmente severo con Aristóteles, cuya interpretación escolástica ocupa el eslabón decisivo entre revelación y razón. El proyecto ilustrado será entonces un movimiento de autonomía de la razón natural. Por una consecuencia de lo que podemos denominar movimiento intrínseco del campo de la cultura, la emancipación de la razón natural respecto de la religión revelada significará también una progresiva emancipación de ésta respecto de aquélla, y dará lugar a un desarrollo inédito de la subjetividadprincipalmente, en el seno de la cultura protestante[25]de la que brotará el idealismo como retoño filosófico[26]. Por cierto, el finalismo escolástico sobrevivirá a todas las operaciones en su contra, pero lo hará cada vez más alejadocomo advirtiera Schmitt del horizonte histórico-político concreto, de sus tensiones y luchas. En otro sentido, la nueva ciencia política hobbesiana proporcionará una modalidad racional de saber del fundamento para la construcción y desarrollo de una comunidad política. 

En el orden de las razones puede destacarse la prioridad ontológica de la idea hobbesiana de la naturaleza, el reemplazo de la concepción teleológica de la naturaleza y la sustitución de la doctrina aristotélica de las cuatro causas, principalmente de la causa final, que explica a la naturaleza en tanto impulsada por una tendencia a realizar formas todavía no existentes[27]. Mientras que para Aristóteles la comunidad política es natural, para Hobbes es un artefacto de invención humana. Una idea de esas características se opone a la naturalidad de la comunidad política y a la unidad de fines de la naturaleza y la religión.


La naturaleza es la unidad cosmogónica en desarrollo ineluctable. El artefacto, en cambio, es una entidad creada. La diferencia ontológica entre naturaleza y artefacto posee su raíz en la idea cosmológica de tiempo. En tanto el tiempo para los griegos era eterno e increado, marcha imparable devorándose a sí misma, para Hobbes, en cambio, el tiempo ya supone una creación desde la nada. Es el supuesto que está en la base del Leviathan. (En este aspecto, Hobbes y la modernidad adoptan la raíz del tiempo como creado, de evidente origen cristiano).

A pesar de estas diferencias en los supuestos fundamentales, Hobbes, sin embargo, concuerda con Aristóteles en la importancia y gravitación de la cuestión de la naturaleza. Su imagen de Aristóteles podía ser especialmente áspera, pero compartía una comunidad de problemática suelo común de la filosofía que le permitió fundar la ilustración política desde una base firme.

El nuevo horizonte de análisis de la naturaleza abierto en gran medida por Copérnico puso en cuestión la centralidad del mundo. Para Aristóteles la naturaleza se compone de sustancias de diferente calidad que actúan hacia distintos fines (lo térreo hacia el centro, lo ígneo hacia lo excéntrico, etc.) configurando al cosmos como un organismo integrado por órganos diferenciados. La nueva teoría de la naturaleza posibilitó la tesis de la uniformidad cósmica y la puesta entre paréntesis del reinado de la criatura humana sobre la creación. Desde Bruno, pasando por Bacon y Kepler, hasta Galileo, la crítica a la teoría aristotélica avanzó de modo continuo[28], desde una visión sustancialista jerarquizada como pasaje de la potencia al acto en relación con fines intrínsecos, hacia una visión en la que el conocimiento de la naturaleza es la variable dependiente de un proyecto matemático:

“La filosofía está escrita en ese vasto libro que se halla abierto ante nuestros ojos, quiero decir, el universo; pero no puede ser leído en tanto que no hayamos aprendido el lenguaje y nos hayamos familiarizado con los caracteres en que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático y las letras son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin cuyos medios es humanamente imposible entender una sola palabra”.[29]

Desarrollo

El estado de naturaleza es una revisión radical de la condición humana en la que se funda la vida política. Para la escolástica, la cosmología o filosofía de la naturaleza está debajo de la filosofía del ser. La filosofía de la naturaleza aborda el problema del ente en movimiento. La metafísica, en cambio, tiene un grado más de abstracción, ya que investiga el ente en tanto tal.

Cuando Hobbes expone como son los hombres en el estado de naturaleza cuestiona las convenciones establecidas y abre las preguntas más radicales. El estado de naturaleza es una exploración hacia los confines de la existencia en la que se apoyan las instituciones humanas. Implica el ejercicio de renunciar a las creencias sobre la virtud de los regímenes políticos y revisar desde la raíz la modalidad intrínseca de la vida humana sin un poder y una ley que la tutelen. El movimiento del pensamiento hobbesiano busca un saber sin supuestos y opera la modalidad radical de poner en crisis un horizonte intelectual preexistente para dar lugar a uno nuevo. La filosofía como búsqueda de un saber sin supuestos se despliega en la novedad del pensamiento hobbesiano. Más allá del estatuto epistemológicootra cuestión abierta la naturaleza muestra la igualdad de los hombres. Las diferencias entre los individuos son irrelevantes para una meditación científica:

La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades corporales y mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él.”[30]

El descubrimiento de la igualdad natural de los hombres contradice la justificación de las jerarquías del AncienRegime y constituye un antecedente de la explosión revolucionaria. En Leviathan, el individuo es la unidad de existencia en la que se apoya el Estado político. Pero el hombre en el estado de naturaleza está lleno de imperfecciones que hacen imposible la vida en comunidad:

De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines. Y, por lo tanto, si dos hombres cualesquiera desean la misma cosa, que, sin embargo, no pueden ambos gozar, devienen enemigos; y en su camino hacia su fin (que es principalmente su propia conservación, y a veces sólo su delectación) se esfuerzan mutuamente en destruirse o dominarse”. [31]

La diferencia de naturalezas en la filosofía antigua es el fundamento conceptual de una comunidad estratificada. La jerarquía antropológica fundamenta a la jerarquía política. La fuerza del pensamiento hobbesiano encuentra en la meditación sobre las cuestiones más amplias y fundamentales su forma decisiva. Frente a tantos autores posteriores y derivados, particularmente de la filosofía política liberal, la razón de validez y la capacidad de determinar el rumbo del pensamiento político occidental al menos de un segmento dominante en Leviathan  se concibe desde un estrato previo, que se ha dado en llamar el fundamento antropológico[32]. Por cierto, la correlación entre idea del hombre e idea política ha sido subrayada por Carl Schmitt[33]. Al apartarse de la idea aristotélica de la comunidad natural y del hombre como animal político, Hobbes presenta la tesis de la radical insociabilidad del individuo. Las ideas del hombre como no político ni sociable por naturaleza y del individuo como base del contrato social, son las categorías fundamentales de la primera fase del pensamiento liberal:

Por lo demás, los hombres no derivan placer alguno (sino antes bien, considerable pesar) de estar juntos allí  donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos. Pues cada hombre se cuida de que su compañero le estime a la altura que se coloca él mismo.”[34]

La redefinición de la idea de la naturaleza humana es el punto de partida de la filosofía política moderna. La naturaleza humana es lo opuesto al artificio. Por definición, la naturaleza se impone al hombre y no puede ser erradicada. Es la determinación fundamental del ser del hombre. Cualquier intento de encauzarla tiene que ser cuidadosamente fundamentado, en una compleja arquitectura de pesos y contrapesos.

 Hobbes desbroza la idea del hombre como ser social / político y la idea del hombre inclinado naturalmente hacia fines. La idea aristotélica de la búsqueda natural de la felicidad y la idea cristiana de la búsqueda de Dios son complementarias y convergentes. En sendos casos, operan como sustrato de la vida comunitaria, ya sea la natural polis o el cuerpo místico de la Iglesia. La idea hobbesiana del hombre es completamente distinta: “En la naturaleza del hombre, encontramos tres causas de pelea: Primero, competición; segundo, indefensión; tercero, gloria”.[35]

Una idea de la naturaleza humana en la que las partes estructurales son la competencia, la inseguridad y la vanagloria necesariamente conducen a una situación de enfrentamiento y guerra de todos contra todos.  No hay convivenciahumana natural:

Es por ello que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que les obligue a todos al respeto, están en aquella condición que se llama guerra; y una guerra como de todo hombre contra todo hombre. Pues la guerra no consiste sólo en batallas, o en el acto de luchar; sino en un espacio de tiempo donde la voluntad de disputar en batalla es suficientemente conocida. Y, por lo tanto, la noción de tiempo debe considerarse en la naturaleza de la guerra; como está en la naturaleza del tiempo atmosférico. Pues así como la naturaleza del mal tiempo no está en un chaparrón o dos, sino en una inclinación a la lluvia de muchos días en conjunto, así la naturaleza de la Guerra no consiste en el hecho de la lucha, sino en la disposición conocida hacia ella, durante todo el tiempo en que no hay seguridad de lo contrario. Todo otro tiempo es PAZ”. [36]

Hobbes reinstaura una idea que habrá de tener un largo destino en el realismo político. No se hace ilusiones sobre la condición del hombre sin un fuerte poder que lo encuadre y pacifique. Y, en sentido contrario, el poder aparece como configurador del orden y la convivencia pacífica. Apenas unas décadas antes, Francisco Suárez sostuvo la tesis inversa: el contrato lo establece la comunidad con el soberano para la administración de un bien común[37]. Si el soberano incumple, la comunidad puede ejercer el derecho natural de rebelión. Es la tesis de la segunda escolástica, en cierta medida una radicalización de la primera escolástica, del derecho al tiranicidio defendido por Santo Tomás. Para Hobbes, la comunidad es un artefacto de los hombres que transfieren el poder al soberano. La teoría de la representación de Hobbes es propiamente moderna, fundadora de la modernidad.  El soberano no tiene que rendir cuentas a nadie de sus actos, su poder no es condicional. El monopolio de la decisión es absoluto y la representación adquiere un sentido nuevo. El soberano es configurador de la sociedad política y, desde ahí, adquiere resignificación funcional la antigua idea de la religión como instrumento de la política.

Vigencia de Hobbes

La influencia de Hobbes sobre la historia del pensamiento político occidental ha sido de una magnitud solo comparable a la que ejerciera Aristóteles. No creemos exagerar si afirmamos que las tesis, categorías y meditaciones hobbesianas fueron asumidas, desarrolladas y reelaboradas por los principales pensadores de la edad moderna y contemporánea. Locke, Rousseau, Hegel, Clausewitz, Marx, Nietzsche, Schmitt, por citar unos pocos, han sido decisivamente posibilitados por el pensamiento hobbesiano.

En Hobbes, el estado de naturaleza como estado de guerra posible o efectiva de todos contra todos existe “en muchos lugares de América en este momento”, durante las guerras civiles y entre soberanos independientes. Avant la lettre, se enfrenta con el problema de la sistematicidad del pensamiento liberal progresista que, en tanto pensamiento antipolítico por excelencia, envuelve y neutraliza en su horizonte la posibilidad de una teoría de lo político, desconociendo los orígenes históricos y la amenaza estructural que representa el estado de naturaleza[38].

La poderosa imagen de Leviathan como Dios, Hombre, Bestia y Máquina nos recuerda con fuerza incomparable la artificialidad de la condición política y moral del hombre, el esfuerzo permanente por superar el estado de naturaleza, la persistente problematicidad entre la naturaleza (physis) y la convención (nomoi).

¿En qué medida esa superación es un dejar atrás aniquilante como quien deja un cadáver en el campo de batalla o una Aufhebung o supresión dialéctica, movimiento de negación, superación y conservación de lo negado como negado, o meramente un acto de fuerza que reprime una situación pronta a desbordarse renovadamente?

La respuesta a estos interrogantes determina, en primera instancia, el problema de la relación con el liberalismo político y su extraordinaria sistematicidad. Mientras Hobbes retiene la cuestión del estado de naturaleza necesariamente conflictivo, y la necesidad decisionista de mantenerlo a raya, los autores posteriorescomo Locke, o las Declaraciones de Derechos, la dogmática constitucionalista, etc. olvidarán ese núcleo irreductible, infundado y por ello fundante.

Asimismo, la decisiva cuestión acerca de la verdadera condición moral del estado de naturaleza presenta otra arista más. Si el hombre es naturalmente un animal dominado por pasiones, como subraya Hobbes, su condición es inocente como la de cualquier otro animal. No hay maldad natural del hombre. El estado de naturaleza es estado de inocencia. Al no haber juez, no hay marco de referencia para determinar la culpabilidad.

El pensamiento de Hobbes presenta serias dificultades de interpretación sobre este importantísimo problema. En algún sentido, pareciera evitar una posición definitiva en función de la vanidad como apetito natural determinante. Si Hobbes hubiese afirmado que la vanidad es la pasión determinante, hubiera deducido que el hombre es malo por naturaleza, como afirma Strauss:

“Puesto que por naturaleza el hombre es animal, entonces, no es malo por naturaleza, sino que es inocente como los animales; por consiguiente, la vanidad no puede caracterizar su apetito natural. Es revelador que, en su defensa contra el reproche de que según su teoría el hombre es malo por naturaleza, Hobbes no mencione la vanidad…relega cada vez más la vanidad a un segundo plano a favor de la competencia inocente, puesto que la definición del apetito natural del hombre en términos de vanidad es intencionadamente un juicio moral”.[39]

Si el hombre es naturalmente inocente y el estado de naturaleza es un estado de inocencia como el de las bestias, el hombre no es culpable, es corregible. Lo que sea ese intento, serán la ilustración y el estado moderno. Si el hombre es naturalmente malo, no es corregible. Caen la ilustración y la posibilidad del Estado como encauzamiento y superación de las pasiones en función de un orden basado en la industria, el comercio y la neutralización de las diferencias religiosas.

Entonces hay dos posibilidades: o el estado de naturaleza emana de la inocencia animal del hombre, como afirma Hobbes, o resulta de la problematicidad de los hombres, como señala Schmitt. La cuestión es fundamental en la medida en que de su resolución depende el proyecto de la Ilustración: la animalidad es corregible mediante un poder soberano, la ley y la ilustración. La problematicidad radical subrayada por Schmitt, en cambio, hunde sus raíces en la dimensión sobrenatural y es un problema teológico que sobrepasa la autonomía de la política.

Conclusiones

El pensamiento de Hobbes constituye una revisión radical de los supuestos, premisas y conclusiones de la política antigua y medieval católica, y una construcción sistemática de una nueva ciencia política, fundamento de un nuevo orden político: el Estado moderno. La racionalidad de la arquitectura, su coherencia consecuente y la imbricación entre el fundamento antropológico, la tesis del estado de naturaleza y el contrato entre los individuos configuran la primera manifestación de la modernidad filosófica en el pensamiento político. Hobbes expresa también la idea moderna de la naturaleza sin fines ni teleología, enfrentada con la ciencia política práctica entrelazada con la ética. El encuadramiento de las pasiones en un sistema dinámico que en lugar de extirparlas y dominarlas las encauza y manipula es un esfuerzo típicamente moderno. Las virtudes se han ido del mundo, quedando discretas y difíciles mezclas de pasiones y razones.

Por otra parte, entendemos como perfectamente sostenible la interpretación schmittiana que subraya las raíces históricas que operan como estímulo del pensamiento de Hobbes en la búsqueda de la superación de las guerras civiles y religiosas. En efecto, la civilización cristiana desembocó en una situación histórico espiritual de crisis. La Reforma y la Contrarreforma, la Guerra de los Treinta Años, la Guerra Civil inglesa y el surgimiento y consolidación de las ciencias modernas constituyeron poderosos vectores de una nueva etapa en la vida humana. La filosofía política de Hobbes posee una fuerza de arrobamiento tal que transforma completamente el campo de la autoconciencia de la política. No es ni especulativa ni meramente práctica, sino que es poietica y geométrica, es decir, productora de las condiciones racionales de posibilidad y de construcción de la sociedad civil y política. El vínculo entre protección y obediencia, protego et obligo, que hace posible la convivencia civilizada y el bienestar social, se impone como desafío histórico de la nueva generación iberoamericana, que no debiera jamás acostumbrarse a vivir en medio del poder de las mafias, la desprotección de las clases pauperizadas y los ghettos burgueses rodeados de pordioseros.

Hobbes enseñó que la salida del estado de naturaleza se logra cuando los individuos establecen entre sí un contrato y delegan el poder en un soberano que, como decisionista, creará y sostendrá el orden estatal contra las fuerzas centrífugas de la naturaleza. Una tesis de ese metal precioso sigue siendo clásica y vivificante.


[1] Cfr. André de Muralt, La estructura de la filosofía política moderna: sus orígenes en Escoto, Occam y Suárez, Ediciones Istmo, Madrid, 2002, p.43 y sigs.

[2]Cfr. Friedrich Schlegel, Athenäums-Fragmente, Seine prosaischenJugendschrften, Jakob Minor, Viena, 1906.

[3] Cfr. Leo Strauss, La filosofía política de Hobbes: su fundamento y su génesis, FCE, 2006.

[4] Cfr. Leo Strauss, Meditación sobre Maquiavelo, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1964.

[5] Nicolas Maquiavelo, El Principe, Losada, Avellaneda, Argentina, 2003, p.59 y sig.

[6] Martín Heidegger, La pregunta por la cosa, Hyspamérica, Madrid, circa 1987, pag.74-77.

[7] Cfr. Leo Strauss, La filosofía política de Hobbes: su fundamento y su génesis, FCE, 2006.

[8] Michael Oakeshot, El racionalismo politico y otros ensayos, FCE, México, 2001.

[9] Norberto Bobbio, Thomas Hobbes, FCE, México, 1995.

[10] Carlo Altini, “Soberanía, representación y cuerpo político en el Leviathan de Tomas Hobbes” en La Fábrica de la Soberanía, El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2005, pag.89-117.

[11] Howard Warrender, The Political Philosophy of Hobbes: his Theory of Obligation, Clarendon Press, Oxfod, 1957.

[12] Francis Cambell. Hood, The Divine Politics of Thomas Hobbes, An  Jnterpretation of Leviathan. Oxford, CIarendonPress, 1964.

[13] Quentin Skinner, El Nacimiento del Estado, Editorial Gorla, Buenos Aires, 2003.

[14] Carl Schmitt, El leviathan en la Teoría del Estado de Tomás Hobbes, Editorial Strhuart&Cía, Buenos Aires, 1990.

[15] CB Macpherson, La teoría política del individualismo posesivo: de Hobbes a Locke, Editorial Trotta, Madrid, 2005.

[16] Yves Charles Zarka, Hobbes y el pensamiento político moderno, Herder, Barcelona, 1997.

[17] Pierre Manent, Historia del pensamiento liberal, Emecé Editores, Argentina, 1990, Págs. 55-94.

[18] Manfred Riedel, Metafísica y metapolítica, Alfa, Buenos Aires, 1977, Págs. 9-97.

[19] María L. Lukac de Stier, El fundamento antropológico de la filosofía política de Thomas Hobbes, UCA, Avellaneda, Argentina, 1999.

[20] Alexis de Tocqueville, El Antiguo ré


Biografía académica XIII: Lucas Carena "Reportaje sobre Transhumanismo" (para Kontrinfo).

 LUCAS CARENA. Lucas Juan Carena nació en Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina, el 26 de octubre de 1979. En 2003 obtuvo su t...